lunes, 10 de junio de 2013

Ciento cincuenta y ocho.


En mi opinión vamos al cine porque queremos ver cuentos de hadas: una reina durmiente que despierta con el beso de su gran amor, una princesa que deja a un lado sus joyas para abrirse un paso en el mundo, amantes separados que vuelven a reunirse... Pero la vida no es un cuento de hadas y los finales felices son escasos y cada mucho tiempo. En la vida, la joven reina se vuelve una tirana y lleva a sus súbditos a la guerra, por eso necesitamos las películas para recordarnos que a pesar de todo el amor todavía puede florecer hasta en los sitios más improbables, y que a veces hasta los cuentos de hadas se hacen realidad... 

La chica de los gatos.

Ciento cincuenta y siete.


Se miran, se atraen y saben que la vida les cambiaría si pudieran leerse el pensamiento, pero el silencio y los prejuicios levantan un muro alto donde chocan las ganas secretas del uno por el otro, y todo se queda en miradas y en deseos muertos.
Yo fui de las pocas que aprendí que si uno no quiere morir de remordimiento la única opción es correr el riesgo.

La chica de los gatos.

miércoles, 5 de junio de 2013

Ciento cincuenta y seis.


¿Sabes? me he pasado dieciocho años viendo así el mundo... haciéndome a la idea de que esto que tenemos delante es lo que hay, y que no podemos hacer nada al respecto. Pero entonces llegas tú. Tú y tu mirada irremediablemente bonita. Me empujas contra la pared y me das un beso lento pero solemne, me acaricias las muñecas y me clavas los ojos hasta el alma. Me dices que me quieres y sonríes.
Entonces pienso en todas las veces que he sido capaz de hacerte sonreír de esa manera... Puedo parecer algo tonta, pero de repente me siento capaz de cualquier cosa... Incluso de cambiar el mundo.

La chica de los gatos.

martes, 4 de junio de 2013

Ciento cincuenta y cinco.


Cuando decimos cosas como "la gente cambia", volvemos locos a los científicos, porque el cambio es literal, es lo único constante en la ciencia. La energía importa, está siempre cambiando, transformándose, creciendo, muriendo... La forma en que la gente trata de no cambiar es antinatural; la forma en que nos aferramos a las cosas que eran en lugar de aceptar las que son, la forma en que nos aferramos a los viejos recuerdos en lugar de generar nuevos, la forma en la que insistimos en creer, a pesar de cada indicación científica, que todo en esta vida es permanente. 
El cambio es constante. Cómo experimentamos el cambio está en nuestras manos. Podemos sentir como si muriéramos o podemos tomarlo como una segunda oportunidad. Si abrimos nuestros dedos, nos relajamos, nos dejamos llevar, se puede sentir adrenalina pura, como si en cualquier momento pudiéramos tener una nueva oportunidad en la vida, como si en cualquier momento pudiéramos volver a nacer...

La chica de los gatos.

lunes, 3 de junio de 2013

Ciento cincuenta y cuatro.


En el bar de la esquina sonaba Frágiles de Pereza. La hija de la vecina del quinto embadurnaba de pasta de dientes su cepillo del pelo, para limpiarle los dientes a su amigo el gigante. La rubia de la farmacia retorcía entre los dedos un mechón de pelo mientras reía sin parar las gracias del chico que descargaba el material, todas las semanas igual. Y nosotros estábamos sentados en un banco del parque. Fue justo en ese momento, lo recuerdo a la perfección, las 11:47 de la mañana de aquel bonito día de Septiembre. Tú dijiste alguna de esas tonterías que sabes que me encantan y entonces lo entendí, fue entonces cuando me di cuenta de que no podía haber sido más estúpida al afirmar que no existía el amor.

La chica de los gatos.

domingo, 2 de junio de 2013

Ciento cincuenta y tres.


No se necesitan muchos amigos, solo los verdaderos, esos que sabemos que van a estar ahí sean necesarios en ese momento o no. Esos amigos que nos van a hacer compañía en todo momento, que nunca nos van a dejar por más alejados que estén de nosotros.
Se necesita estar abierto a nuevas personas, esperar y tratar de encontrar a nuestros verdaderos amigos.

La chica de los gatos.

sábado, 1 de junio de 2013

Ciento cincuenta y dos.


Movería montañas, no sé si me explico... Pararía trenes si hiciera falta, por ti me refiero. Sabes que no es broma, ni siquiera lo parece. Congelaría volcanes entrando en erupción y me bebería una a una todas las pequeñas dudas impertinentes que se atrevan a cruzar tu cabeza. No es falta de sueño la que me dicta que estoy sonriendo como no lo había hecho nunca antes. Es que el causante del brillo de mis ojos eres , y la sensación supera a cien mil amaneceres vistos desde el piso número quinientoscincuentaydos del edificio más alto de Manhattan.

La chica de los gatos.