domingo, 10 de noviembre de 2013

Trescientos catorce.


Bromeó diciendo que llegó tarde, pero lo que no sabía es que aquello era verdad. Estaba a punto de decirle lo que sentía con transparencia, sin miedo. Iba a ser por primera vez en su vida doblemente valiente, pero se trabó en su corazón roto cuando se enteró que ya no tenía nada que hacer. Estuvo luchando contra sus sentimientos durante meses, día y noche pensando en sus ojos, habilitando su cuarto para el recuerdo de ese amor que traspasaba las palabras cuando quería y posaba sus manos sobre sus hombros, besando su cuello y haciendo que ella cerrara los ojos dejándose llevar. Estaba cansada de soñar siempre con el mismo instante, de mirar sus fotos y poner cara de idiota, de pensar en aquellos momentos mientras se limaba las uñas entrecerrando los ojos y poniendo boquita de pez, de buscar su olor entre la gente...

La chica de los gatos.

Trescientos trece.


Ser mala te sienta tan bien. No vale el tiempo después, ¿después qué? Después intento hacerte regresar. Todavía no tengo la razón, y tú no tienes el tiempo y esto realmente me hace preguntar, si lo que te he dado ha sido sólo basura para ti. Dame algo para creer, porque ya no creo en ti, no ahora. Me pregunto si vale la pena intentar, entonces, este es el adiós. Me da vueltas la cabeza, las decisiones que tomé en mi cama, ahora tengo que mentir y tratar con cosas que no dije. Y hablas de cómo te sientes. Pero no creo que sea verdad, jamás. Jamás. Me pregunto si llorar vale la pena, entonces este es el adiós. Me puedes engañar, no tengo una coartada. Las palabras que dices no tienen significado. Dame algo para creer porque ya no creo en ti, no ahora, no ahora. Me pregunto si esto vale la pena, si vale la pena intentar. Entonces, este es el adiós.

La chica de los gatos.

Trescientos doce.


-¿Qué sientes cuando me miras?
-Demasiados sentimientos, imposible describirlo... ¿Por qué quieres saberlo?
-No sé, curiosidad. A veces cuando miro a la gente me gustaría saber que sienten al mirarme.
-Baah... Tonterías.
-¿Por qué? ¿Acaso nunca has querido saber que sienten al mirarte?
-Sí, quizá alguna vez... Pero piensan muchas cosas...
-No me refiero a lo que piensan, sino a lo que siente, pueden pensar miles de cosas y sentir una sola.
-No lo sé... Supongo que acepto lo que siento hacia mi sea bueno o malo.
-Bueno... Siempre con paranoias.
-No son paranoias... Pero en fin, dime que sientes.
-Una extraña sensación, cariño, amor, miedo a que te vayas... Como si no existiera nadie más, me pasaría horas aquí y me encantaría escucharte hablar de cada una de tus paranoias, escucharte cantar todas tus canciones, todas las que sepas, recitar los poemas que hayas leído, explicarme tus anécdotas, ilusionarme con tus sueños y llorar cuando me contaras cada una de tus malas experiencias. ¿Qué te parece?

La chica de los gatos. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Trescientos once.


Cuando menos te lo esperes, aparecerá. Y verás que nada ha sido en vano para realizar ese sueño, no hay que buscarlo, aparecerá solo. Y serás la chica más feliz del mundo, verás todo de colores, porque cuando menos te lo esperes, todo tu mundo explotará de felicidad.

La chica de los gatos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Trescientos diez.


Sientes miedo, miedo a confiar. Si no entregas, nunca llegarás. Tanto miedo se apoderará de tu cuerpo, y te encerrarás. Y si el miedo me coge y me mata, y si el miedo me arrastra hasta el sitio en que no quiero estar, y si el miedo me engancha sólo te pido que nunca me dejes de hablar. Y si el miedo me gana este pulso, y si el miedo me invita a mi solo a jugar, y si el miedo me pide mi cuerpo, le doy la espalda y le digo no quiero jugar.

La chica de los gatos.

martes, 5 de noviembre de 2013

Trescientos nueve.


Te miro. Me recreo en tu rostro perfecto, tus ojos negros, tu tez morena. Levantar la vista. Dos segundos. El tiempo se para. Noto la sangre subiéndome a la cara. Aparto la vista, avergonzada. ¿Por qué seré tan cobarde?

La chica de los gatos.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Trescientos ocho.


Supongo que esto ha sido todo. Tú marcaste un antes y un después en mi vida, de eso puedes estar seguro. Fuiste la razón de que todos los días me despertara con una sonrisa, la razón de que bajara corriendo las escaleras para verte medio segundo, la razón de que no me importara hacer el ridículo sin importar lo que me dijeran. Fuiste tú. Y siempre ocuparás un lugar especial dentro de mi.

La chica de los gatos.