miércoles, 20 de marzo de 2013

Sesenta y dos.


No teníamos dinero para el hotel pero decidimos que esa noche había que vivirla a lo grande, sabiendo que hay noches que nunca vuelven. Nos fuimos al mejor hotel de la Gran Vía de Madrid y encargamos 4 benjamines de champán y fruta. Hicimos el amor como siempre, es decir, como nunca. Él era único. Sus besos tenían algo de alas de pluma. Él era de algodón, era una ducha a pelo sol. Era necesario.
Por la mañana bajamos sin hacer ruido. Esperamos a que en el lobby hubiera mucho tráfico para salir corriendo. Me acuerdo de la policía viniendo a mi casa meses después exigiendo que pagáramos el hotel, mi compañera de piso lo hizo con gusto. Ha pasado el tiempo, concretamente 30 años desde aquella noche en que tú tenías 31 y yo 30, y sigues a mi lado. Aun te veo pasar por la casa flotando de una habitación a la otra, oyendo tu respiración por la noche. Y aunque como dije, hay noches que nunca vuelven, te amo tanto que me parece que nunca llegamos a salir de aquel hotel...

La chica de los gatos.

sábado, 16 de marzo de 2013

Sesenta y uno.


Cuanto más sabes sobre alguien, más deberías quererlo. Pero casi nunca es así porque la confianza acaba dando asco. Empiezas a descubrir los defectos de la otra persona y esa otra persona descubre que tú también tienes lo tuyo. Son muy pocos los que son capaces de ver la paja en su propio ojo antes de ver la viga en el ajeno. En lo primero que piensa la mayoría es en sí mismo. "¿Por qué voy a compartir mi vida con alguien que tiene cosas que no me gustan? Me merezco algo mejor".
Así nos pasamos la vida buscando a alguien que sea como nosotros queremos que sea. Y lo que va a ocurrir es que lo único que vamos a encontrar al final es a nosotros mismos, solos. Será entonces cuando nos demos cuenta de que no sabemos estar solos y que quererse y odiarse, a veces a partes iguales, es mucho más divertido. Como las protagonistas de Gossip Girl, que tan pronto se matan, como son las mejores amigas del mundo. Aunque en este caso no sé quién sería la descarada que se lía con todos y quién la recatada de las cintas en el pelo.

La chica de los gatos.

viernes, 15 de marzo de 2013

Sesenta.


El amor nos destroza. Yo lo sé y tú lo sabes. Pero cuando se pierde el amor, puedes encontrarte realmente perdido. Y no lo digo porque yo lo haya perdido, lo cual puede ser un hecho innegable, sino porque el amor, como dicen los libros, es lo que tiene... Un día te enamoras y al otro tienes las pupilas más grises que la autosuficiencia fallida en domingo. No quiero decir nada importante, ni pretendo que lo que escribo sea bonito. No pretendo cambiar el mundo, aunque me encantaría. Sólo escribo en lo que me acuesto pensando la noche anterior. No sé ni cómo escribirlo porque admito que mis textos son todos parecidos pero, ¿acaso tu vida es diferente cada día? No lo creo. Y no creo que existan muchas formas de escribir sobre amor. O sobre sexo. O si estamos en Mayo y se pone a llover. O si la protesta por este mundo asqueado crece por momentos en el centro de la ciudad. Puede haber muchas formas de entenderlo, pero sólo una de escribirlo.
Puedo decir que hay noches, que en mi cama, hace más calor que en cualquier rincón de Mercurio. Confieso que debería poner un pie en la tierra de vez en cuando, pero también admito que lo estoy intentando. A veces creo que la gente no cree en mí. Sé que me cuesta un poco más, porque aunque no sepa mucho sobre la historia del mundo, sé un poco sobre la vida. Sé que, después de que te destroce el amor, pasados casi cien domingos de autosuficiencia, vienen las ganas y llaman a la puerta.
Entonces piensas que, o es el día que tiene una nube de más o es que te apetece tener un poquito de amor. Y teorizas un poco tu vida, intentas aprender un poco de cada error. Le pones empeño aunque nadie se de cuenta. Y eso es lo que te falta.
Alguien que te acompañe en cada paso y te ayude en cada intento. Alguien que esté al corriente de tu esfuerzo y te recompense con un beso. O con mil. Ya sabes, como lo hacías tú.

La chica de los gatos.

jueves, 14 de marzo de 2013

Cincuenta y nueve.


A veces pasan unos meses y te olvidas de que estuviste tardes destrozada en el sofá, como un puzzle que se estrella contra el suelo, y ya apenas recuerdas el día que lloraste tanto que pensaste que te ibas a deshidratar, borras de la memoria todas las huidas una por una. Pasa el tiempo y solo te acuerdas de que sentías, para bien o para mal pero sentías. Aparentemente los momentos buenos compensaban y bla, bla, bla... Y recaes en una situación en la que te juraste no recaer. Y vives una última noche como si nada. Pero tarde o temprano tienes que despertar, y te viene a la mente como un flash la lección aprendida: "Que da igual lo que digas o hagas, si algo va mal irá mal". Las siete en punto de la mañana, hora de abrir la persiana, ahí fue cuando realmente abrí los ojos. He intentado renunciar a ese "nosotros" y es especialmente complicado, sobre todo cuando me recuerdo tiritando entre tus manos como si fuera a romperme en cualquier momento pero... A pesar de todo intento seguir entera.

La chica de los gatos. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Cincuenta y ocho.


Ella pidió un licor. Él un café, solo. Ella pagó su consumición y se sentó en una mesa que daba a la calle, él imitó sus movimientos. El reloj de ambos marcaba las ocho y cuarto, y fuera, en el mundo real, seguía lloviendo. Ella clavó sus ojos en él, él apartó la mirada. Él musitó algo, ella pareció no escucharlo. Un breve silencio bailó entre los dos cuerpos hasta que ella se decidió a romperlo.
-Quiero que lo intentemos- balbuceó entre tímidas sonrisas.
-¿Que intentemos qué, loca?- soltó una carcajada agria y acto seguido bebió un trago- Si ni siquiera me conoces.
-Sí, claro que te conozco. ¿Por qué dices eso? Sé que estás solo desde hace tiempo, y que lo detestas. Sales de trabajar a las ocho, tomas algo en esta cafetería y deseas que el tiempo se consuma rápido, muy rápido, porque te da miedo volver a casa y no encontrar a nadie entre las sábanas- respiró, dio un pequeño sobro al licor y limpió sus labios lentamente con una servilleta-. Sé que tienes miedo de levantarte de madrugada y ahogarte en el silencio de una casa que cada día te parece más y más grande. Sé que crees que la vida no puede dar más de sí y que te limitas a ver pasar trenes, sin subirte a ninguno.
-¿Hablas de mi o de ti?
-De los dos. Tú estás solo, yo estoy sola, ¿qué más tengo que saber?

La chica de los gatos.

martes, 12 de marzo de 2013

Cincuenta y siete.


Tengo habilidad, sí, tengo voluntad para respirar fuerte mientras pueda, a pesar de que me robes todo el aire. Me has vuelto a hablar y he vuelto a sentir el nerviosismo en estado puro, eres tú, soy yo, es lo que siempre he querido sentir, nunca he cometido tantas gilipolleces por querer a alguien y contigo no puedo parar de hacerlo continuamente, se está convirtiendo en costumbre, me estoy acostumbrando a quererte... Yo te llevo donde tú quieras ir, dame la mano, toma, siente como la mía se agarra fuerte a la tuya, ¿tú también lo notas? Dime que si, me muero porque me digas que si, déjalo todo, vente conmigo, no quiero cambiarte, me gustas tal y como eres, vas a seguir con tu mundo desordenado, y yo no quiero ordenarlo, lo quiero así tal y como es. Dime si soy yo o es que nada cuadra... Necesito respuestas, tengo miles de preguntas que hacerte y no tengo tiempo que perder en escuchar lo que le tengas que decir a la gente... Sólo quiero escuchar un: "Eres lo mejor que me ha pasado". Y ya no llueve, no, porque ahora estás aquí y hace sol, mucho sol. Siempre habrá alguien buscándote, pero siempre seré yo la que más cerca tuya esté. Y entonces saltaré contigo a donde haga falta, no me importa si es a tu lado, en ese puente que dices, en cualquier puente del mundo... si no hay, los inventaré para que estés cómodo, ¿quieres ruido? Yo lo fabrico, dime que quieres, lo busco y te lo doy. Rápido, pídelo, no pierdas tu tiempo buscando sentido a algo, seguramente nada lo tenga, venga dime, dime que quieres empezar algo, yo siempre estaré aquí.

La chica de los gatos.

lunes, 11 de marzo de 2013

Cincuenta y seis.


Me pongo tacones, falda y escote para conocerte. Me cortaré el flequillo solo porque a ti te pica la curiosidad de saber como me queda. Gano el campeonato del mundo de tu juego favorito, porque he aprendido a jugar a escondidas en la única mesa gratuita del colegio. Sé que tipo de chico eres. Sé que te quitas los zapatos cuando es cuesta abajo y te los pones cuando es cuesta arriba. Sé que, aunque te conocí con corbata, no te gustan las corbatas. Sé que estás leyendo esto pero no lo vas a reconocer...
No me da miedo dormir en el peor motel del país si así consigo que duermas tranquilo. No volvería, si no eres tú el que me paga el viaje. Te encantaba bailar y nunca te ha dado asco la sangre y sabes que es mejor compartir el colchón más mugriento que haya. Cuando formamos el equipo entre los dos y tú te pones las botas de fútbol, no hay quien pueda con nosotros.
Nos va a poder la falta de paciencia, ya me sé yo la historia, tú vendrás a despedirte y a mí me joderá que te vayas. Aún así, seguiré estando orgullosa de destruir todo lo que tengo por empezar algo a tu lado.

La chica de los gatos.