jueves, 3 de abril de 2014

Noventa y siete.


Hoy, a las 2'51, he decidido que voy a volver a obsesionarme contigo. Recordar cosas sobre el amor no se me da bien, y buscar amores nuevos tampoco. Así que, he decidido que voy a volverme loca de nuevo. Voy a salir a buscarte como hacía, hasta volver a conseguirte. Aunque se vayan las nubes. Y venga la primavera a verme un viernes. Aunque me detengan las sonrisas de complicidad de los domingos. A pesar de la felicidad de una mano correspondida.
Hoy, a las 2'53, me apetece dormir contigo. Me apetece no ser racional. Y no ver 173 minutos de un documental que mañana se me olvidará. Como tú me olvidas a mi, al día siguiente. Como tus pupilas de hombre astuto. O no tanto. Ya no lo sé. He decidido escuchar a Quique González hasta que me duerma, y pensar en tonterías.
Porque después de cien conversaciones, me besas el único día que yo no lo planeo. Después de encontrarte el primer día, me besas sin avisar. Y sabes que no era lo que queríamos. Fuiste mío. Un rato sólo. Y yo, quiero más. Yo lo que quiero es hacerte el amor por los rincones del mundo. Sólo por curiosidad. Y después vete a conquistar a las demás. Si quieres, claro.

La chica de los gatos.

Noventa y seis.


La primera vez que lo vio, se le pasó por la cabeza la imagen de ellos dos en una cama, pero no podía llegar a imaginarse que acabarían durmiendo juntos en tres ciudades distintas, ni que (con lo mucho que M. odia los sonidos nocturnos) identificaría la felicidad con sentir su respiración en la nuca. La primera vez que lo vio, pensó en eso de que los chicos malos siempre traen problemas, pero no sabía que a partir de ese momento todo sería dolor; dolor que estaría obligada a disfrazar con una sonrisa por cada canción. Y conformarse con caricias a la mitad...
Ahora se gira para verlo marchar cada vez que se despiden, cuenta los días que faltan y llama con cualquier excusa sólo para escuchar una voz. Ahora todo es jodidamente complicado, porque los sentimientos de los que no consigue librarse no la dejan pensar con claridad. Ni respirar. Y quiere escapar por la puerta de atrás antes de que el dolor se haga insoportable, pero no puede. Está aquí, inmóvil, atrapada. Viviendo siempre a tu lado sin estar contigo. Y odia, odia todo lo que puede y más su aspecto, su pelo, sus botas, su forma de hablar, que lea su pensamiento, que tenga razón. Tenerlo cerca y no tenerlo. Que siempre esté. Odia no poder odiarlo. Porque no lo odia ni siquiera un poco, nada en absoluto.

La chica de los gatos.

Noventa y cinco.


No te enamoras más o menos: te enamoras antes o después. Esa es otra de las cosas sobre las que nunca reflexionamos cuando elegimos a una pareja que suponemos que será para toda la vida. Crees que nunca habrá otra igual, que ese estado en el que estás durará siempre, que es el hombre perfecto y que con él quieres tener a tus hijos. Si ahora me pongo a echar cuentas de todas las veces que me he enamorado desde que era adolescente, hoy tendría unas treinta y dos criaturas... El enamoramiento es una maravillosa locura sin sentido que te atrapa y te vuelve idiota. Me encanta.

La chica de los gatos.

Noventa y cuatro.


No sé si esperé demasiado de ti o fue el alcohol el que me dio la fuerza de superman y ahora, con la resaca, me la quita. Lo que si sé, es que aquella noche me sentí como en una película de los 80, girando entre canciones, guitarras y carreteras. Y durante un segundo, hubiera dejado mi vida en pausa para seguirte por el mundo como una grupi desesperada, esperándote en el camerino después de cada actuación. Y drogarme contigo hasta el infinito... Y ahora te imagino riéndote y diciéndome "esto es rock and roll, nena, habértelo pensado mejor".

La chica de los gatos.

Noventa y tres.


Que la primera calada sabe mejor si enciendes el cigarro con una cerilla, y los besos, los disfrutas más cuando son cortos, escasos y a escondidas. Es ley de vida, o por lo menos, la ley de mi vida desde que tú apareciste un jueves cualquiera dispuesto a robarme el corazón y lo bueno, fue sólo un momento, ahora me cuesta dormir.
Cuando pensaba que con tu amor no tendría suficiente no imaginaba que acabaría mendigando un beso, ni conformándome con unas migas de pan, y sin embargo, aquí estoy. Esperando en la parte de atrás a que tú digas "venga", para poder decir "vale"; saltándome los días de dos en dos porque pesan demasiado y el fin de semana nunca llega; aprendiendo, otra vez, a tragarme las lágrimas, las palabras y las ganas... Siendo la otra, el problema, la parte que no encaja en tu vida, ni en la mía.
Y hoy es domingo, y llueve en Madrid. Tengo una canción sin acabar y miles de palabras atragantadas en la garganta que no sé si escupir, o dejar que me ahoguen. Por mucho que quiera huir, tienes esa maldita fuerza que hace que yo esté siempre a tu lado, sin estar contigo. Sé que te quedarás, otra vez, y a mi me duele como granizo. Y es tan absurda esta situación como este domingo por la tarde, que llueve lo que yo no soy capaz de llorar.

La chica de los gatos.

miércoles, 2 de abril de 2014

Noventa y dos.


No puedes hacerme esto: aparecer y desaparecer. Estoy preparada para estar sin ti de forma permanente, soy capaz de hacerme a la idea de tu ausencia y vivir con ello. Me da igual, de verdad, me da igual. Pero lo que no quiero es tenerte un instante y al siguiente no y al siguiente tampoco y al siguiente, tal vez, volver a tenerte. No me compensa, no me compensa. Si quieres quedarte, quédate, sabes que eres bienvenido; pero si vas a irte, vete ya y hazlo rápido e indoloro. Arráncate de golpe de mi. Quiero un contigo o un sin ti, pero no lo que hay en medio, no quiero tus restos ni tus pedazos ni las sobras de tu tiempo.

La chica de los gatos.

Noventa y uno.


Para algunas personas, de forma inexplicable, el amor se apaga. Para otras, el amor sencillamente se va. Si bien es cierto, por supuesto, que el amor también puede encontrarse, aunque sea solo por una noche. Sin embargo, existe otra clase e amor, el más cruel, aquel que prácticamente mata a sus víctimas. Se llama amor no correspondido. La mayoría de historias de amor hablan de personas que se enamoran entre sí, pero, ¿qué pasa con los demás? ¿Quién cuenta nuestra historia? La de aquellos que nos enamoramos solos, somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los seres no queridos, los heridos que se valen por si mismos, los discapacitados sin plaza de aparcamiento reservada. Sí, estáis viendo a una de estas personas...

La chica de los gatos.