viernes, 14 de marzo de 2014

Setenta y tres.


El amor (del latín, amor, -öris) es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista.
Habitualmente se interpreta como un sentimiento, relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes. Con frecuencia el término se asocia con el amor romántico. Su diversidad de usos y significados, combinada con la complejidad del sentimiento implicado en cada caso, hace que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente.
Las emociones asociadas al amor pueden ser exactamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. Con todo, el amor interpersonal se considera sano o "verdadero" cuando es constructivo para la personalidad, para lo cual es indispensable tener una buena autoestima.

La chica de los gatos.

Setenta y dos.


En 1876 Alexander Graham Bell inventa el teléfono y con él la posibilidad de poner en contacto largas distancias. Desde ese momento los esfuerzos del hombre se han concentrado en hacer que esa conexión sea cada vez más inmediata. París, Londres, Hong Kong, se estrechan en milésimas de segundo gracias a la fibra óptica, Internet, las videoconferencias, que nos permiten estar simultáneamente conectados en cualquier lugar del mundo por cables invisibles, de la misma manera que las estrellas están conectadas por líneas imaginarias que formas constelaciones. 
Pero por encima de todas ellas, sobrevolando el tiempo y el espacio, están los cordones umbilicales que nos unen a las personas que amamos, como cordones de plata transparentes que pertenecen solamente al reino de lo extrasensorial. Que hacen que algo se revuelva en nosotros cuando sufren o cuando se alegran, como un palpito, un escalofrío en la piel... Y que nos llevan a hacer cosas maravillosas o terribles simplemente porque estamos conectados...

La chica de los gatos.

Setenta y uno.


A veces quisiera volver el tiempo atrás para volver a vivir... Se que eso es imposible por eso me aferro a los recuerdos, porque cada día existe algo que me recuerda aquellos momentos, como una palabra o frase que solías decir, alguna canción de tu grupo favorito o cualquier gilipollez tuya y se que debo seguir adelante y construir mi futuro, debo seguir mi camino así como tu lo haces, debo de ser feliz aunque mi mirada diga lo contrario...

La chica de los gatos.

Setenta.


Un simple abrazo nos enternece el corazón; nos da la bienvenida y nos hace más llevadera la vida.
Un abrazo es una forma de compartir alegrías, así como también los momentos tristes que se nos presentan. Es tan sólo una manera de decir a nuestros amigos que los queremos y que nos preocupamos uno por el otro, porque los abrazos fueron hechos para darlos a quienes queremos.
El abrazo es algo grandioso. Es la manera perfecta para demostrar el amor que sentimos cuando no conseguimos la palabra justa. Es maravilloso porque tan solo un abrazo dado con mucho cariño, hace sentir bien a quien se lo damos, sin importar el lugar ni el idioma porque siempre es entendido. 

La chica de los gatos.

jueves, 13 de marzo de 2014

Sesenta y nueve.


Los secretos que yo conozco gritan a voces. Son secretos que puedes oír aún estando sordo, secretos plasmados en mi semblante, de día y de noche y viceversa, de pequeñas heridas, de grandes cicatrices. Son puntos y comas de mi pequeña historia, de una vida, la mía, que cobra sentido al cruzarse con otra vida, la tuya. Son secretos imperceptibles al oído del vulgar, del cotidiano, pero perfectamente escuchables al abrigo de los bares, de las melodías tristes, de noches de luna y sin luna. De los ojos verdes que tan bien conozco, de los caminos que anduve.
Pero cuidado, no los grites, nadie te entenderá. Son como la locura, todos la ven, la oyen, pero nadie la entiende.
Son mis secretos, al fin y al cabo.

La chica de los gatos.

lunes, 10 de marzo de 2014

Sesenta y ocho.


Me da vertigo el punto muerto y la marcha atrás, vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasolina. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido. 
Me quedo parada frente al mar mientras el mundo gira.

La chica de los gatos.

Sesenta y siete.


Me había inventado un mundo. Un mundo donde no existía ni la falsedad ni la mentira. Un mundo donde sólo se regalan besos y abrazos. Un mundo de cristal. Pero al despertarme me he dado cuenta de que el mundo es esto nada más... un ir y venir de caminos. Un ir y venir de personas, de esas que dejan vacío al irse y de las que meses después ya ni te acuerdas. Y que, al fin y al cabo, tienes que abrazarte y besar aquellos que te apetezca, nada más.

La chica de los gatos.