jueves, 5 de diciembre de 2013

Trescientos treinta y ocho.


Una chica nunca se olvida del primer chico que le gustó, aunque la cosa no saliera del todo bien, pero siempre hay alguien que te ofrece un poco de ayuda.
Ahí está, ahí es donde empieza nuestro problema: "Ese chico te ha dicho eso porque le gustas". ¿Sabes que significa eso? Que nos convencen, nos programan para creer que si un chico se porta mal, como un capullo, significa que le gustas. ¿Por qué nos decimos estas cosas unas a otras? Puede que sea porque nos da mucho miedo y porque es demasiado duro admitir la evidencia que tenemos delante de nuestras propias narices...
A las chicas nos enseñan muchas cosas desde pequeñas: si un chico te incordia, es que le gustas; y nunca te cortes el flequillo, así algún día conocerás algún hombre maravilloso y tendrás tu propio final feliz. Cada película que vemos, cada historia que nos cuentan, nos pide que creamos en ellas. El giro al final de la historia, la declaración de amor inesperada, la excepción a la regla...
Estamos tan obsesionadas por encontrar nuestro final feliz, que nos olvidamos de leer las señales, las que diferencian a los que nos quieren de los que no, a los que se quedarán de los que se irán.
Y es posible que ese final feliz no incluya al hombre ideal, puede que seas tú recomponiéndote y volviendo a empezar, liberándote para algo mejor que puede haber en tu futuro. Puede que el final feliz sea simplemente pasar página, o puede que el final feliz sea este: saber que a pesar de todas las llamadas no devueltas, de todos los desengaños, las meteduras de pata y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y bochorno, nunca perdiste las esperanzas.

La chica de los gatos.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Trescientos treinta y siete.


Cuando eres pequeña, la noche da miedo porque se esconden monstruos bajo de la cama
Cuando te haces mayor, los monstruos son diferentes; Falta la confianza en uno mismo, soledad, arrepentimiento... y aunque seas mayor y más sabio, te sigue dando miedo la noche.
Dormir. Es lo más fácil de hacer. Simplemente cierras los ojos. Pero para muchos, dormir parece estar fuera de nuestro alcance. Queremos hacerlo, pero no sabemos como conseguirlo.
Pero una vez que nos enfrentamos a nuestros demonios, nos enfrentamos a nuestros miedos y nos entregamos a los demás para ayudar.
La noche no da tanto miedo porque nos damos cuenta de que no estamos completamente solos en la oscuridad.

La chica de los gatos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Trescientos treinta y seis.


Yo quiero que me traspases la piel. Y que llegues al ventrículo izquierdo. Pero de momento, te dejo que me quieras con sonrisas, con la yema de los dedos y con tu carita de duende.
Puedes ser mi provocación o mi risa de tardes de café. También puedes ir despacito y hacerle cosquillas al miocardio. No sé. El miocardio es débil a veces. Aunque rebose de amor que me dieron una vez.
Es el principio de un libro, mezclado con el prólogo de otro que ya no sirve.

La chica de los gatos.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Trescientos treinta y cinco.


Llevo todo el puñetero día pensando en lo difícil que es decirle a alguien que le quieres y que precisamente por eso nos quedamos a las puertas de ser felices y que yo no me quiero quedar a las puertas de nada... te quiero.

La chica de los gatos.

Trescientos treinta y cuatro.


-Y mírate joder, reacciona.
-Eso es lo que quiero, reaccionar, pero tú aún estás tan cerca...
-¡Mírame ahora! ¿Crees que siempre estaré aquí?
-No.
-¿Y a qué esperas? Los milagros no existen, yo algún día me iré, volaré lejos de ti, algún día dejaré de quererte.
-No quiero que lo hagas...
-Yo no creo que pueda hacerlo, pero quiero creer que soy capaz de vivir sin ti.

La chica de los gatos.

Trescientos treinta y tres.


-¿Crees que volveremos a encontrarnos?¿Crees que te reconocería?- La pequeña pero gran Gretchen pronunció esas palabras reservando el futuro nudo en la garganta para cuando llegara a casa.
-Es posible.. Tengo que irme.- Mark dejó de darle la espalda, todavía sin poder mirar a Gretchen directamente a los ojos.
-Bien, adiós.- Lo estaba haciendo, sus piernas caminaban sin dueño. Aun con todas sus fuerzas concentradas en aquellos pasos.
Gretchen quiso darse la vuelta y abrazar a su amigo. Siempre había querido a Mark. Él, a pesar de no llegar a comprenderla del todo, solía tranquilizarla con sus palabras. Le gustaban sus bromas y odiarle de vez en cuando. Incluso enfadarse. Probablemente le molestaba sentirse tan bien y tan confusa a la vez. Era su amigo y estaba a punto de perderlo. (...)
Años después Gretchen seguía sentándose con las piernas cruzadas a ver sus fotos. Echar de menos es infinito. Le daba igual que no fuera bueno aferrarse al pasado, le hacía sentir más fuerte. Creía que de ese modo nunca perdería de vista su imagen. Y si se encontraban al fin, reconocería su sonrisa...

La chica de los gatos.

Trescientos treinta y dos.


Porque de repente te encuentras con esa persona, la misma que llevas viendo durante años, pero lo ves diferente, no consigues apartar tu vista de él... Y es que a lo mejor antes tenías los ojos ocupados en otra persona, pero te das cuenta que es él a quien quieres a tu lado, y que por mucho que la vida de vueltas os va a volver a colocar juntos...

La chica de los gatos.