lunes, 18 de noviembre de 2013

Trescientos veintiuno.


Quiero mirar hacia el horizonte, y sonreír, sentir las plantas de los pies firmes, seguros. Que el dolor sea insensible, que mi mente vague por el aire mientras llega a ti antes de que algo exterior pueda llegar a hacerme dudar
Que la brisa peine mi melena, que huela a tu rostro, que sienta tus caricias alrededor de mi cintura.
Sé que no importa si me caigo. Me sujetas, me animas.
Confias en que me levante porque estarás allí sin que nada más importe.

La chica de los gatos.

Trescientos veinte.


No consigo entender por qué sigo enamorada... alucinándote, y viviendo en el ayer. Por qué será que me hago daño, aunque sé que es un engaño el pensar que tú me llegues a querer.
Me pregunto mil veces por qué aun insisto, creyendo que un milagro pueda suceder, que tú por mi sientas lo mismo, que te des cuenta de que existo, y ser feliz porque me amas tú también...

La chica de los gatos.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Trescientos diecinueve.


Cada vez miro más esas cortinas... ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que las miro, me imagino ver tu sombra por detrás, me imagino que las pasas y abres la puerta al grito de ya estoy en casa y corres a abrazarme. Sé que solo es mi imaginación... Pero sé que aunque sea una leve sonrisa se verá en mi rostro.

La chica de los gatos.

Trescientos dieciocho.


Arrancando las hojas de mi calendario aprieto fuerte contra mi cada palabra que te dediqué. Había una pincelada tuya en cada uno de mis días. Ahora miro a mi alrededor sin poder evitar contemplar tu reflejo en cada rincón
Creía que te habías ido pero sigues tan dentro de mi, inevitablemente...
Reviso cada paso que dimos y sigo sin entender dónde reside el error. Quizás simplemente no debía haber ocurrido, quizás era cosa del destino. ¿Irónico eh? Aparecía a menudo en nuestras conversaciones y nosotros riéndonos de él. Cierto es que quien ríe último ríe mejor.
Ahora te veo a lo lejos, y un vuelco al corazón. Un nudo en la garganta y una boca seca. No me salen las palabras y bajo la mirada.
Tatuaste tu nombre en mi almohada condenándome a acordarme de ti antes de caer dormida cada noche. Me pregunto qué habría sido si cada uno de nosotros hubiese dado un poco más de si. dejando el orgullo hibernar en el cajón.
Tal vez el tú y yo, sea una historia sin comienzo. Quizás no haya hipotéticos casos que resuelvan el drama.
Quizás no existan quizás entre nosotros.
Nos pudo más mi falta de constancia, tu falta de atención...

La chica de los gatos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Trescientos diecisiete.


La vida es curiosa. Durante años uno se pregunta cuál es el sentido de este baile, para que luchar, por qué la vida es una eterna pelea. Si, la vida es curiosa, llena de giros absurdos, inexplicables. La vida tiene esas casualidades tan sospechosas. Tanto que nos hacen pensar que todo tiene un para qué. Si, un sentido.
La vida cambia todo el tiempo. No nos deja acostumbrarnos a un golpe que enseguida llega otro. Y uno se sorprende siempre y así sigue preguntándose por el sentido de todo. Preguntándose el sentido de estar presente en el momento y el lugar equivocados. El sentido de ser buenos y malos. ¿Habrá premios y castigos para unos y otros? Uno pasa por la vida haciéndose esas preguntas y muchas otras más pero en el fondo todo se resume en una sola: ¿cuál es el sentido de la vida? Qué irónico, justo ahora empiezo a entender el sentido de la vida.
Y es así, uno pasa la vida preguntándose por el sentido de la vida. Esperando ese algo que falta y que nos hará felices. Y tal vez la respuesta, sea que la vida no tiene sentido. Que la vida simplemente se vive. Y simplemente viviendo, podamos decir al final, que nuestra vida valió la pena.

La chica de los gatos.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Trescientos dieciséis.


No tuve la culpa de haberme enamorado de tal forma, que hasta en mis sueños tu aparecías... No tuve la culpa de obsesionarme tanto por ti... No tuve la culpa de haber vivido un sueño tan bonito que nunca imaginé, no tuve la culpa de que te fueras tan deprisa sin decirme adiós... pero si debo decir que si tengo la culpa de haberte amado tanto... 

La chica de los gatos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Trescientos quince.


Se cruzó en mi vida, su mirada, su sonrisa, su cuerpo, como un rayo. Cada noche, los sueños se desataban, se encontraban en el silencio a escondidas, susurrándose lo más bonito que podía existir en lugares totalmente solitarios. Cada noche se buscaban en sus sueños uno a otro. Cada noche era un suspiro para su imaginación. La historia de amor cada vez comenzaba a más, a escondidas.

La chica de los gatos.