lunes, 14 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y siete.


Midamos el tiempo en latidos. Lanza el dado y quiéreme, pero hazlo sin prisas. Quiéreme tan despacio que se nos agote la vida entre besos, entre buscarnos a tientas y con calma debajo de las sábanas, para encontrarnos y declararnos la guerra a caricias. Respírame y haz de mis labios una extensión de los tuyos, entremezcla nuestros alientos y convierte mis expiraciones en tus inspiraciones, para llenarte los pulmones de recuerdos, de gemidos que se suicidaron en nuestras gargantas. De mañanas con las piernas enredadas, en las que lentamente y con cariño nos quitamos la ropa y nos abrazamos, silenciamos las manecillas del reloj y nos concentramos en el tic-tac de nuestros pechos... Mañanas en las que jugamos a los exploradores y nos descubrimos recovecos perdidos...
DESCOLÓCAME los lunares. Susúrrame al oído y sorpréndeme en la dirección opuesta de mi cuello. Haz música en mis dedos de teclas de celesta. 

La chica de los gatos.

domingo, 13 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y seis.


Para cometer una locura, se necesitan dos locos. Media botella de vodka y una de ron. A veces me pregunto si tú estás loco también. Porque si lo estás, no sé a qué esperas. Y entonces será terrible. Yo empezaré a volar en menos de dos besos. A ti te doy cuatro miradas. NO MÁS. Y lloverá, ya verás.
Y después de abrazarte unas cuantas horas, si quieres nos olvidamos. Y nos dedicamos a vernos de lejos y a felicitarnos la Navidad, como hacemos ahora. O si no, quedamos y nos tomamos una cerveza y me cuentas un poco tu vida. O, que digo. Puedes regalarme mimos en alguna esquina. O encontrarnos en el metro sin querer, ya sabes.

La chica de los gatos.

Doscientos ochenta y cinco.


Supongo que todo empezó ese día. Cuando, por alguna de estas casualidades que la vida deja caer, nuestras miradas se cruzaron. Algo frugal, superficial. Aparté la vista, reí las gracias de siempre, lo pasé bien y regresé a casa. Pero algo había cambiado. Tu rostro estaba presente en cada pensamiento que cruzaba mi mente. Y entonces lo supe. Otra vez, como una estúpida, me había enamorado.

La chica de los gatos.

viernes, 11 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y cuatro.


La gente dice que lo más importante en la vida es ver siempre las cosas como son en realidad, pero todo lo que hacemos, todos los planes que trazamos son una mentira. Cerramos los ojos y fingimos que nunca llegará el día en que ya no tengamos que hacer más planes. La esperanza es la mayor mentira que existe, y es la mejor. Tienes que seguir viviendo como si todo tuviera sentido, o dejaríamos de vivir.

La chica de los gatos.

jueves, 10 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y tres.


En cuanto a mi, sigo creyendo en el paraíso. Sin embargo ahora sé que no se trata de ningún lugar concreto. Lo importante no es a dónde vas, sino cómo te sientes en el momento en que llegas a formar parte de algo. Y si encuentras ese momento, es para siempre.

La chica de los gatos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y dos.


Me he cansado. Me he cansado de llorar, cuando realmente quiero gritar. Me he cansado de hacer malabares para encontrar en qué punto del camino hice yo algo mal, cuando la culpa es de otra persona. Estoy hasta los cojones de lanzar puñetazos y hacerlos volverse contra mi pecho. También me he cansado de tener que aparentar que una situación es normal, que nada ha pasado. Fingir que nada tiene tanta importancia, que no me afecta nada y a nadie afecta, que es común.
Me he cansado de intentar hacerme creer que no necesito cosas. Que no lo necesito, sino que lo quiero. No. Hay cosas que se quieren y hay cosas que se necesitan. Hace varios años, llenaba hojas de cuadernos llorando que me faltaba algo, que necesitaba algo y no sabía qué. Cuando me cansé de lloriquear, decidí que ya no quería necesitar cosas nunca más. Ahora comprendo que esas cosas no se deciden y que todos -sí, todos- tenemos necesidades. Y sólo quienes lo admiten y se preocupan por atenderlas y satisfacerlas, viven felices.

La chica de los gatos.

martes, 8 de octubre de 2013

Doscientos ochenta y uno.


Pero de momento, no seas orgulloso, y juega un ratito a dejarte llevar. Porque más loco que tú, no hay ninguno. Y sabes que los hombres complicados, no se seducen con los placeres más sencillos. Y no lo niegues, tú en el fondo no eres tan complicado.

La chica de los gatos.