sábado, 14 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y siete.


Tú y yo nos conocimos porque estábamos hechos para querernos una tarde. Porque tu brazo encajaba perfectamente en mi hombro. Porque nuestros pasos quedaban muy bien en el Otoño de Madrid. Y lo más normal era que un día te encontrara y me obsesionara por ti. Por eso, nunca me faltaron sueños. Ni ilusión. Alguna vez pensé en rendirme. Pero cuando llegaba uno de esos días, me hablabas de películas y besos. Y entonces volvía a llover en algún concierto. O me hacía la dura en algún sofá. Pero sabía que tú y yo estábamos hechos para rozarnos, como solíamos planear. Y aunque me cueste convencerte. Y aunque besemos otras bocas, mientras te decides. Seguirán pasando los días con ganas de verte por alguna calle perdida. Y date dos besos, y preguntarte qué tal te va. Y preguntarme si piensas tanto en mi, como yo pienso en ti.

La chica de los gatos.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y seis.


Hicimos el amor muchas noches. Y muchas mañanas. Y muchas tardes. Teníamos tanta magia que parecía gastarse en un polvo. Lo nuestro fue intemporal. Tuvimos segundas partes. E incluso terceras. Tuvimos de todo mientras éramos uno. Pero ya, no hacíamos el amor. Ya, no nos queríamos. Hubiera matado monstruos por ti, como dice la canción. Me hubiera muerto yo, por un beso tuyo hace mucho tiempo. Pero el tiempo pasa. Y con él, la distancia. Y te veo. Te abrazo. Pero no me sale besarte. Y ahora no sé en lo que me habré convertido, qué dices que soy... Pero me va el juego. Lo que menos se parezca al amor. Me va lo de quiéreme un ratito, y si eso después me voy.

La chica de los gatos.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y cinco.


El error es mirar lo de ayer con ojos de hoy, querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando tú ya no eres el mismo, como si se pudieran reciclar los suspiros o dar un mismo beso por segunda vez. Los mudos no gritan, los sordos no ven la música, con las cinco letras que se escribe "tarde" no puedes escribir "AHORA", el amor que se fue, ese ya nunca vuelve.

La chica de los gatos.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y cuatro.


Y es que entre poesía se me dan mejor las calles, los sombreros, los apuntes y las historias sin acabar. Qué más da, si al final todo va a ser para mi como yo lo escriba y para ti lo que quieras entender. Mi 0,3% es la poesía y me da igual cuanto intente evitarlo. La poesía es pasarse ocho putas horas al día currando, la poesía es que te duelan todos los músculos después de cargar cajas, pasar dos semanas trabajando sin salir de casa, pudrirte, mear, quejarte, follar, mentir, hacer un bizcocho de chocolate, limpiar los meados de tu perro y fregar los platos.
Hoy mis orgasmos sólo siguen éstas líneas. Si quieres saber más, te lo cuento. Pero me preguntas al oído, y te lo susurro en los labios.

La chica de los gatos.

martes, 10 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y tres.


Lo que menos me gusta de echar de menos a alguien es que funciona a rachas. A días. Por momentos. En lugares concretos. Cuando menos te lo esperas. Llega sin avisar. Se queda un tiempo indefinido. No puedes dejar de hacerlo. Aunque lo intentes. Escuece. Duele. Quema. Pica. Desgarra. Rompe. Congela. Hiela. Arde. Arranca. Hiere. Desquebraja. Te hunde. Te asfixia.
¿He dicho que duele? Duele. Mucho. Te despiertas y no sabes qué va a pasar. Porque a veces, como dice Joaquin Sabina, hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos. ¿Pero sabes qué? Se pasa, siempre se pasa, te lo prometo.

La chica de los gatos.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Doscientos cincuenta y dos.


Porque me miento cada día cuando digo que ya no te quiero. Porque aunque ya no me duelas, a veces busco tu nombre en donde sea. Porque aún no vino el olvido para llevarse tus palabras. Por los besos que aún me quedan en la boca, por las miles de palabras que nos dijimos. Porque fuimos lo que fuimos, porque fuimos lo que fuimos... porque, puesto a confesarte, aún le tengo miedo a tenerte delante. Porque no sabes la de noches que pensé en presentarme en tu portal, todavía recuerdo donde vives... Porque en cuanto me descuido me atropella algún recuerdo en el pasillo. Porque no puedo negarte que te quise sin querer, y más que a nadie.

La chica de los gatos.

Doscientos cincuenta y uno.


Nadie elige ser un friki. La mayoría de la gente no se da cuenta de que son frikis hasta que es demasiado tarde para cambiarlo. Pero no importa cuan rarito termines siendo... Lo más probable es que haya alguien ahí fuera para ti. A menos, que claro, ya hayan pasado página; porque cuando se trata de amor, incluso los raritos no pueden esperar para siempre

La chica de los gatos.