miércoles, 10 de abril de 2013

Cien.


Le encantaba posar desnuda para él, se sentía más mujer, más deseada... Y así era, Louis no podía resistirse a sus encantos, le volvía loco aquella adolescente, aquella mujercita de ojos claros que lo miraba con deseo a través de un objetivo. Sólo se veían tres veces por semana y cómo se palpaba en el aire las ganas que se tenían, aunque él nunca se lo había confesado. Jane lo seducía, se mordía el labio inferior y lo miraba con deseo, como pidiéndole a gritos que se la follara. Louis lo sabía muy bien y no entendía qué era lo que lo paraba, lo que no le dejaba abalanzarse sobre aquella muchacha y tirársela una y otra vez en el sofá donde ella lo observaba con inocencia.
Pero sí sabía que ese control que le impedía acercársele iba a desaparecer si permanecían en el mismo cuarto cinco minutos más, así que decidió marcharse y dejar a medias la sesión fotográfica. Jane, que vio como empezaba a recoger sus bártulos de corre prisas se acercó a él, iba desnuda y con el pelo suelto. No le dijo nada, simplemente se acercó a él y lo agarró de la mano mirándole a los ojos. Louis sabía que ella no quería que se fuera, pero no se atrevía a preguntárselo. Jane, al final habló:
-¿A dónde vas? Aún no hemos terminado.
-Me tengo que ir, no quiero hacer algo de lo que después me pueda arrepentir.-Se le escapó en un susurro a Louis.
-Entonces déjame hacerlo a mi, yo no voy a arrepentirme de lo que llevo meses intentando que ocurra.- Se acercó con ternura a los labios de aquel hombre, cuyo aliento le embriagaba y le puso sus manos lentamente en su cintura. 
Él no pudo más y cayó rendido en sus brazos. En ese momento Louis entendió que todo lo demás pasaba de largo y ya no era importante. Y entre susurros Jane dijo: "Lo nuestro es algo gigante que detiene el tiempo, lo malo es que a veces eres incapaz de verlo".

La chica de los gatos.

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