sábado, 31 de agosto de 2013

Doscientos cuarenta y tres.


Probablemente pienses que el amor y el dolor son las dos caras de una misma moneda. Que mi miedo a sufrir conlleve perderme la vida. Que evitar cualquier sufrimiento suponga vivir como un vegetal.
Bueno, yo te digo que arriesgo cuando tengo probabilidades de ganar, que para quitarme la armadura necesito algo mas que cariño y unas palabras bonitas, que el dolor tiene que recompensar con creces la felicidad.
Tengo que estar segura de apostar toda la pasta en una carta. Tengo que sentir, tengo que ver que esa es mi carta
¿Sigues pensando que quien no ha encontrado una razón por la cual sufrir no ha encontrado una razón por la cual vivir? Probablemente piense eso, hasta entonces, queda encontrar una razón por la cual vivir.

La chica de los gatos.

viernes, 30 de agosto de 2013

Doscientos cuarenta y dos.


¿Alguna vez echas de menos mi sonrisa? Yo la tuya, de vez en cuando. ¿Tienes alguna vez tiempo para pararte a pensar? ¿Te has emborrachado alguna vez tanto como para que todas las luces te parezcan estrellas? ¿Alguna vez te has hinchado a llorar? Yo lo hago de vez en cuando. Todo el mundo se está volviendo verde, ahora que por fin éramos rojos. Todo lo que hemos dicho y hecho, lo hicimos y dijimos demasiadas veces. No te creerías la de veces que temo girar la esquina por si te encuentro al hacerlo, pero no, cuando lo hago nunca estás.

La chica de los gatos.

jueves, 29 de agosto de 2013

Doscientos cuarenta y uno.


Sentía que lo había perdido todo y que su corazón se había desgarrado, convirtiéndolo en cenizas que se iban alejando con el viento de un nuevo invierno. Le regalaba las horas al tiempo, desperdiciándolas en encontrar un por qué y un cómo. No entendía como un amor tan grande, de un día para el otro se terminaría. Como esa historia, desaparecería. Esa noche volvió a ser como las últimas noches de su vida. Un café en la madrugada, un cigarrillo y la misma pregunta antes de decir hasta mañana... ¿A dónde iban los sueños y las esperanzas cuando éstas ya no eran más compartidas? Se había quedado estancada en aquella primera noche, en aquellos primeros besos, de mucho tiempo atrás...

La chica de los gatos.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Doscientos cuarenta.


Parece que hablamos idiomas diferentes, y aunque a veces no nos hacen falta las palabras para entendernos, deberíamos inventar nuestro propio idioma. Un idioma que no contenga la palabra "inalcanzable" y que no necesite decir "caricia"porque sea la caricia en si misma. Un idioma hecho de piel y mordiscos, un idioma hecho de subidas y bajadas, un idioma igual que si una guirnalda gigante colgara del mundo, un idioma que fuera una bienvenida con fiesta y palomas al viento. Estoy básicamente hablando de encontrar una nueva manera de entendernos, que no nos acerque a vocablos como "malentendido", "trampa" o "cerradura". Yo ya tengo las vulgares palabras para entenderme con el resto del mundo, pero nosotros es otra cosa, otro idioma. Si no lo conseguimos acabaremos necesitando un traductor para los sentimientos, preguntando que significaba amar.

La chica de los gatos.

martes, 27 de agosto de 2013

Doscientos treinta y nueve.


Conquisto tu lado de la cama con la falsa recompensa de creerme que tampoco has dejado un vacío tan grande. Me saco el corazón, lo pongo en la mesa e intento convencerlo de que me haga caso, pero me mira altanero y me escupe que ya no soy su dueño, y masculla por lo bajo que no he estado muy fina eligiendo. Me lo vuelvo a meter de un suspiro y se me atasca en la garganta.
Me encomiendo a mi cabal cabecita, pero es una señorita tan estúpida sabelotodo que tampoco la soporto, así que la mando a paseo con sus agotadores consejos de manual.
Y hablando de paseos, ahora me sobra una mano cuando deambulo por las calles. Siempre vuelvo a casa por el camino que me enseñaste, aunque sea más aburrido. Tic tac, tic tac, escucho el reloj que llevo dentro, el que cuenta mis horas desiertas. Me registro para asegurarme de que sigo entera, pero me asalta el presentimiento de que he debido dejarme en algún rinconcito tuyo. Me repito que ya no me quieres, y cuando oigo esa vocecita que me insinúa que no es verdad, la mano callar. 
Cuento los días de dos en dos, a ver si así llega antes la mañana en la que no me duelas. Excepto maniatar a la tristeza, sigo haciendo más o menos las mismas cosas que antes, pero sin que tú me mires...

La chica de los gatos.

lunes, 26 de agosto de 2013

Doscientos treinta y ocho.


Algunos días el corazón debería ser más prescindible, algo que te puedes sacar del pecho y guardar en un cajón. Lamentablemente, esos días igual que el resto, lo necesitamos. Dependemos de un ritmo cardiaco que no para, que es constante, y que nos punza a cada latido. Somos todo corazón, y quien pretenda arrancárselo morirá en el intento. No somos máquinas, somos personas... cúmulos de sentimientos contradictorios que un día nos hacen felices y al siguiente tiran a matar. Somos personas y estamos condenados a sufrir.
No podemos quitarnos el corazón y permanecer inertes hasta que cesen los vendavales. Al contrario, no nos queda otra que tomar aire y sentir. Sentir para bien y para mal. Sentir, latir y desear apuñalarte el pecho en el trayecto... pero es nuestra única alternativa, a no ser que quieras renunciar.

La chica de los gatos.

Doscientos treinta y siete.


Entonces y sólo entonces, sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más. Y es que realmente la vida vale, cuando tienes el valor de enfrentarla...

La chica de los gatos.