lunes, 8 de julio de 2013

Ciento ochenta y ocho.


Aquella mañana se había despertado de malas, y encima tendría que aguantar dos horas seguidas de clase de biología, menudo aburrimiento. Llegó a clase antes de tiempo. Se sentó en su pupitre y comenzó a charlar con su compañera. De pronto comenzó a ver caras de sorpresa de las chicas que miraban a la puerta y, antes de que le diera tiempo a girarse alguien le tapó los ojos. Comenzó a palpar las manos que le cubrían los ojos tratando de averiguar quien sería su dueño, pero lo único que consiguió adivinar es que aquellas manos no eran de chica. ¿Un chico en su colegio? ¡Como le vieran las monjas! Y además había ido a verla a ella... ¡a ella! ¿Quién podría ser?
-¿Quién eres tú?
-Quien tú quieras que sea.- respondió el extraño. María se giró para encontrarse frente a frente con la cara de Ethan. - Vámonos de aquí.
Una inmensa sonrisa adornó sus labios. Su perspectiva del día acababa de dar un giro de 180 grados.

La chica de los gatos.

Ciento ochenta y siete.


Más tarde o más temprano estaremos contemplando este mismo cielo estrellado. Quizás seamos un poco más sabios, cada arruga será un recuerdo atesorado, y entonces no tendré pudor de afirmar, después de toda una vida que 1 y 1 no siempre son dos. Tú y yo siempre seremos uno. Lo blanco a veces es negro. Lo más fácil no siempre es lo más bonito. Lo más bonito no es siempre lo más acertado. Que si hablar se puede con la mirada, también se puede besar con las palabras.

La chica de los gatos.

viernes, 5 de julio de 2013

Ciento ochenta y seis.


Algún día escribiré la declaración de amor más bonita del mundo. Sé que será un día de otoño (porque me encanta el otoño), pero uno de esos en los que a pesar de brillar el sol, el frío te abraza hasta los huesos. Escribiré mi declaración de amor un día bañado en hojas de color naranja y castañas, con olor a almendras dulces. Y después le quitaré un beso, tal vez dos... nos respiraremos y nos acurrucaremos en cualquier portal. Él sabrá que lo quiero para siempre... yo me reiré un poco, juntaré la punta de mi nariz con la suya y le diré que si sabe lo poco que queda para que sea Navidad.

La chica de los gatos.

jueves, 4 de julio de 2013

Ciento ochenta y cinco.


Las cosas empezaron bien, nos vimos unos días. Cine, mantas, risas, cervezas, maquillando el pasado para parecer más de lo que somos... vamos, lo normal. Así unos días, hasta que uno de los dos pidió algo más. Ese fue el punto de ruptura para que el terreno que pisábamos comenzara a desnivelarse. Vinieron entonces los pretextos, los regates, los mensajes a deshora, las llamadas distanciadas en el tiempo... vamos, lo normal. Se empezó a cumplir esa extraña teoría de que el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer. Al final, con el corazón sin presupuesto, yo me cansé de perseguir, de no encontrar las llaves que abrían las puertas de tu alma y una buena tarde, después de unas semanas dándome excusas para no verme, te enteraste de que volaba en otro colchón, con otro que no eras tú. Y tú, que tantas veces me esquivaste, me empezaste a querer. Vamos, lo normal.

La chica de los gatos.

Ciento ochenta y cuatro.


Al final de la noche, cuando otra ropa se mezcla con la mía en la oscuridad de cualquier habitación, y beso todos los hombres que no tienen tu nombre, me doy cuenta de que algo se queda dentro. El final de todo, eso que nunca soy capaz de dar porque ellos no son tú.

La chica de los gatos.

martes, 2 de julio de 2013

Ciento ochenta y tres.


Corren tiempos raros para el amor duradero. En este mundo de vidas aceleradas y ansiedad a plazo fijo, Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, escribió hace unos años una gran reflexión sobre las relaciones amorosas y su fragilidad. 
La teoría, llamada Amor Líquido, explica algo absolutamente novedoso y un poco aterrador sobre los vínculos humanos: el comportamiento consumista que prevalece en nuestra sociedad se ha trasladado también a las relaciones y esto hace que nos hayamos vuelto consumistas de corazones y de cuerpos.
Las relaciones se toman y se dejan como si se tratara del consumo de productos dejando a nuestro paso un reguero de corazones rotos, tal vez el nuestro. Queremos relaciones profundas, seguridad y a la vez absoluta libertad para probar otras cosas. Queremos consumir y consumir pero nos aterra que nos consuman.

La chica de los gatos.

lunes, 1 de julio de 2013

Ciento ochenta y dos.


Ya sólo me interesa ser una mujer buena, las buenas personas, conocer el dolor de la gente y ver si puedo aliviar de algún modo ese fardo. Ya sólo me interesan los amigos que suman, los besos que restan penas, las caricias que se dan porque si, los corazones envueltos para regalo, el amor sin facturas de mis padres y la bondad azul de mi hermana. Ya sólo me interesan las canciones que barren nubes, los poemas que transportan y los políticos que renuncian porque no les dejaban decir la verdad. Sí, solo me interesan las sonrisas que provoca Messi, los que salen a vivir sin escudo, los que lo apuestan todo a la casilla de la ternura. Ya sólo me interesan los bares donde esperan los abrazos, el corazón blanco de los niños, las palabras sin doble fondo. Ya sólo me interesan las camisas que se abren para cerrar heridas, decirle a la hormiga que escuche a la cigarra y que los minutos de silencio sean porque estemos besando...

La chica de los gatos.