viernes, 14 de junio de 2013

Ciento sesenta y cinco.


Me preguntas que si estoy segura. Sí, lo estoy. Siempre intento estarlo... Siempre al máximo posible. Nunca se sabe si algo irá bien, si habremos tomado la decisión correcta. Pero a veces, en cierto modo se sabe, se intuye... Siempre estamos a tiempo de equivocarnos. Aunque arreglarlo no será tan fácil como insertar una nueva moneda y darle al play. En las cosas de la vida, nunca nada es fácil, he ahí la gracia. El misterio.
La vida es para los valientes, para los que se atreven a quedarse con las sonrisas y las siestas a destiempo, con las miradas desenfocadas a 5 milímetros de tu boca, y saben olvidar las lágrimas y los días grises. O pintarlos de azul. O a cuadros. O de flores. Qué más da. La vida está en manos de quienes saben convertir en dulce el más amargo de los cafés de un lunes. O un martes. O todos los días. La vida es para ti. Para mí. Para nosotros... Y me preguntas si estoy segura de estar aquí, y ahora. Y sonrío. Claro que sí. Démosle al play. Y lo demás... a lo demás, que le den.

La chica de los gatos.

jueves, 13 de junio de 2013

Ciento sesenta y cuatro.


Todos tenemos manías... y yo tengo la manía de quererte. Se convirtió en manía desde el momento que por casualidades del destino apareciste y mis ojos te vieron por primera vez, tengo un maravilloso sentido para fijarme en las cosas, en las personas que no me convienen, y esto no lo digo yo, lo dicen cada uno de los fracasos que llevo detrás. Pero aún con ellos a la espalda, no puedo evitar sentir lo que siento por ti. Ya lo he dicho, te has convertido en mi manía, y da igual el tiempo que pase, hasta que no aparezca otro vicio para poder olvidarme del que tú me provocas no va a dejar de estar ahí. He perdido las uñas de los nervios, mis neuronas se han descolocado de su sitio y ya ni pensar sé. Aún así aquí me tienes, para cuando quieras que esta manía se comparta...

La chica de los gatos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Ciento sesenta y tres.


-Nunca debería haberte contado lo de George.
-No, está bien. Me alegro de saber lo suyo y lo del veterinario, te las has arreglado muy bien.
-¿Qué acabas de decirme?
-Es imperdonable.
-No recuerdo que nunca te haya pedido que me perdones.
-¿Así que lo de hacer punto era una fase? ¿Quién será el siguiente? ¿Alex? Porque he oído que le gusta acostarse con cualquiera, vosotros dos tenéis eso en común.
-A mi tú no me llamas puta. Cuando te conocí creí que había encontrado a la persona con la que iba a pasar el resto de mi vida, ¿sabes?, eso creí. Y todos los chicos, y los bares y mis traumas evidentes me daban igual, porque te había encontrado. Tú me dejaste, escogiste a Addison y me estoy recuperando. No te pediré disculpas por cómo decido reparar lo que tú rompiste.

La chica de los gatos.

martes, 11 de junio de 2013

Ciento sesenta y dos.


-¿Qué queréis las mujeres? ¡eh! ¿Qué queréis? ¡Queréis putos supermanes! Queréis tíos fuertes pero que tengan tipín, que tengan pinta de atormentados pero que sean graciosos. Os gustan poetas, pero un poco brutos. Queréis que sean constantes pero que sepan sorprenderos, queréis que sean sinceros pero que conserven el misterio, que estén locos por vosotras pero que pasen de vuestro culo. Queréis que sean guapos pero que la belleza no importe, que tengan un buen rabo pero que el tamaño de igual... ¡Joder! ¡Queréis súper héroes del equilibrismo! Queréis que tengan la capacidad de abriros el cielo en un momento pero solo para vosotras. Queréis que no tengan secretos pero también que sean como desconocidos cada vez para que luego podáis sentir las putas hormiguitas en el estómago. ¡Lo queréis todo coño! Todo...
-Básicamente quiero que me haga sentir que no estoy desaprovechando mi vida porque es muy corta. Quiero que me abra las piernas, no el cielo: pero que lo haga cada noche. Quiero que sepa mentirme. Quiero que no me importen sus mentiras porque se deja su alma cuando está conmigo. Quiero que sea generoso porque puede, no por obligación. Quiero que tenga sangre en las venas. Quiero que me grite lo puta soy cuando le abandono. Quiero un poco de épica. Quiero que le dé igual lo que yo haga cuando no esté con él porque sabe que no voy a encontrar a nadie mejor. Quiero que me tiemblen las rodillas cuando me agarra la nuca. Quiero que la tenga bien grande y que el tamaño sí importe.
-Lo que yo decía, superhéroe... Está bien yo también soy un egoísta, pero esta noche puedo darlo todo por ti. Ya nos hemos descubierto el uno al otro ¿no?, ya nos hemos quitado las máscaras. Muy bien pues seamos unos egoístas, los mayores egoístas, pero juntos... ¡Compartamos nuestro egoísmo! ¿Qué te crees, que no se te nota el miedo, el pánico en el momento en el que llegues a casa cierres la puerta y veas que estás sola? Porque te vas a quedar sola. Quédate conmigo, soy lo que soy pero haré cualquier cosa por ti esta noche...
-Dime que te parezco hermosa.
-Dime que vas a ser mía.
-Dime que me quieres.
-Dime que no me vas a abandonar nunca.
-Dime que no vas a dejar que te abandone.
-Dime que nunca jamás habrá otro hombre.
-Dime que nunca me vas a pedir nada que no quiera darte.
-Dime que no vas a hacer preguntas.
-Dime que nunca conociste a nadie como yo.
-Dime que en todos estos años no hiciste otra cosa que esperarme.
-Dime que no tienes pasado.
-Dime que eres virgen.
-Dime que vas a ser mi esclavo.
-Dime que me vas a entregar tu alma a cambio de nada.
-Dime lo que quiero escuchar o muérete...
-Quiéreme, o púdrete en el infierno...

La chica de los gatos.

lunes, 10 de junio de 2013

Ciento sesenta y uno.


"Una noche de amor, es un libro menos leído", de Honoré De Balzac.
Pero a veces esta noche puede cambiarte la vida.
Cuando el amor ya no es un drama, sino magia, que de repente convierte a la vida en la cosa más simple y bella del mundo y todo encaja a la perfección. Y tu realidad es exactamente como la habías imaginado. Entonces, las ideas que te faltaban, aparecen.

La chica de los gatos.

Ciento sesenta.


Todos tenemos un sueño, el sueño de vivir en pareja, el sueño de empezar una nueva vida o el sueño de dejar atrás por fin la vida que llevábamos hasta ahora. Aunque algunos sueños, terminan convirtiéndose en una pesadilla de la que querríamos despertar lo antes posible.
Sí, no podemos decidir que sueños se harán realidad, solo podemos esperar, porque a veces las cosas ocurren cuando ya no contamos con ellas...

La chica de los gatos.

Ciento cincuenta y nueve.


Decidó dejarme la inocencia en casa, y guardar las poses para otro día. Por un día no quise pedir nada al cielo, porque ya tenía mis manos para construir la vida. Quise no ser para nadie más que para mi misma, y ser la única que viese mi reflejo en el espejo. Me apeteció disfrutar de mi idiotez y no regalar más de lo que me apetece...
Ya no hay ganas de hacer lo de siempre, porque lo de siempre ha perdido el encanto. Podría seguir saliendo de casa con la venda en los ojos y actuar como si todo siguiese igual, pero la hipocresía nunca ha sido lo mío. Así que prefiero llevar mi vida como realmente me apetece y hacer caso omiso a los reclamos de la gente que necesita mi presencia para que su mundo no se derrumbe, para que todo siga como antes, para que el equilibrio este ahí. El equilibrio es imposible.

La chica de los gatos.