lunes, 10 de marzo de 2014

Sesenta y seis.


Va de locos. Y entre la gente, tú. Y tu suspicacia. Más que nunca. Yo entre el riesgo y la rendición, y tú en tu aparente indiferencia. Siempre hay un poco de locura en la indiferencia, y más en una persona como tú. También indiferencia en la locura, aunque me cueste para seducirle.
Ahora que te conozco un poco más, te diré que sé como huele tu almohada, que sé que te encanto, y que te morirías por besarme otra vez, aunque fuera de nuevo a destiempo. Una noche de viernes sin sentido, por ejemplo. Pero esta vez, te besaría mil veces más. Y tú, me llevarías al fin del mundo. O quién sabe, a lo mejor es la última vez que cruzo tu puerta. Y mañana ni te acuerdas. Aunque no nos engañemos, si estás leyendo esto, es porque estás pensando en mi. 

La chica de los gatos.

jueves, 6 de marzo de 2014

Sesenta y cinco.


Me gusta la espuma del mar, me gustan las galletas Oreo, me gusta dormir, me gusta el cielo, me gusta sentir calor cuando me da el sol en la cara, me gusta el sonido de las olas, me gusta cantar en la ducha, bueno... Me encanta cantar en la ducha.
Me gustan las caricias que me quiten el pelo de la cara, me gustan las sonrisas y las horas interminables hablando.
Me gusta romper el papel por las líneas de puntos, chupar el Colacao que se queda pegado en la cuchara. Me gusta acercar la cara a los ventiladores y gritar, me encanta gritar y sentirme libre.
Me gusta explotar burbujas, me gusta reír, me gusta el color gris, el azul, el negro, el amarillo y el violeta, me gustan todos los colores. Me gusta coger la nata con el dedo y ponérsela a alguien en la nariz. Me gusta la gente que escribe en cualquier sitio, en servilletas, cuadernos, manos, paredes... Me encanta leer, y salir de mi realidad durante muchas horas. Me gustan los cuentos, los que acaban bien y también los que no.
Me gustan los corazones dibujados en los árboles, me gusta el olor a gasolina, a nuevo y a papel. Me gusta el olor de las personas y también el recuerdo que ese olor me trae. Me gusta el olor a lluvia, a café recién hecho y a tostadas.
Me gusta la gente que se besa por la calle, me gustan los atardeceres y ver amanecer.
Me gustan los lazos, los zapatos de tacón y las gafas de sol...
También abrir un libro y ver fotografías viejas o entradas de cine. Me gustan las cosas pequeñas y los detalles. No me gustan las marcas, pero si las señales. Me gusta ser niña y adulta a la vez. No me gusta crecer, ni tomar decisiones pero me gusta vivir, aunque a veces diga que no. Me gustan mis ojos, pero odio mi nariz. Me gusta abrazar, y que me abracen. Y el frío, me encanta el frío. Me encanta el silencio y la música. Me gusta lo moderno.
Me gustan las noches, ver la luna desde el balcón y las películas de amor. Pero lo que mas me gusta y nunca lo podré negar es lo bien que me siento cuando tengo un día de resaca, porque por mala que sea, si la tienes, es porque te lo has pasado tan bien que hasta el cuerpo lo ha notado.

La chica de los gatos.

Sesenta y cuatro.


No tengo ganas de seguir pero tampoco tengo ganas de parar, tendría que pensar que me esta pasando pero es que estoy cansada de pensar. Podría quedarme durmiendo todo el día o podría también tratar de encontrare, podría dejarle mi destino a la suerte y es probable que me vista y salga a buscarte. Vengo apostando todo lo que tengo a un caballo que nunca gana. Voy a tener que dejar este juego o cambiar de caballo mañana. Es que tengo que dejar de pensar en ti pero tengo también ganas de verte, voy a desconectarme por un rato y dejar que a mi destino lo maneje la suerte...

La chica de los gatos.

martes, 4 de marzo de 2014

Sesenta y tres.


Hay momentos en la vida, en que una sola decisión, en un solo instante, cambia irremediablemente el curso de las cosas. Cuando decides disparar a alguien, cuando decides quererlo o no quererlo, cuando decides mentir, traicionar, ocultar o cruzar la línea... Esa décima de segundo podrá hacer girar todo al lado oscuro o inundarlo de luz. Podrá hacer de ti un héroe, o un criminal. Podrá llevarte al cielo o al infierno, pero siempre será un lugar desde el cual no podrás volver atrás.

La chica de los gatos.

Sesenta y dos.


-Ven conmigo.
-¿A dónde?
-A ninguna parte. ¿Qué importa?
-...
-Lejos, muy lejos, donde ni esto ni nada importe.
-No sé...
-Donde pueda olvidarme de que existen los problemas. Donde sólo estemos tú y yo. Nosotros. Y la brisa del fin del mundo acariciándonos los labios.
-Llévame contigo.
-¿A dónde?
-Al fin del mundo.

La chica de los gatos.

Sesenta y uno.


-Te echaba de menos.
-Lo sé. Por eso me abrazas tan fuerte.
-Es para que no te vuelvas a escapar.
-Sabes que lo volveré a hacer. No soporto la sensación de las ataduras.
-Yo no soporto que te vayas.
-También lo sé. Pero si no me fuese, luego no me abrazarías tan fuerte.
-¿Y? Así no te sentirías tan...
-¡Calla! Y abrázame bien fuerte. Adoro estos momentos.
-Pues no vuelvas a irte...
-Si no me fuese, ya no me abrazarías así al volver a verme.

La chica de los gatos.

Sesenta.


Tengo una tía que cuando te sirve cualquier cosa te dice "dime cuándo". Mi tía decía dime cuándo... y nosotros no lo decíamos; no decíamos cuando porque siempre existe la posibilidad de que haya más, más tequila, más amor... más de lo que sea... a veces más es mejor.
Hay mucho que decir sobre el vaso medio lleno, sobre saber decir cuándo... Creo que es una línea borrosa, un barómetro de necesidad y deseo; depende por completo del individuo y depende de lo que te estén sirviendo.
A veces solo queremos probarlo, otras veces no hay suficiente... el vaso no tiene fondo y lo único que queremos es más...

La chica de los gatos.