sábado, 3 de mayo de 2014

Ciento treinta y cuatro.


He aprendido que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Que grandes desconocidos pueden volverse mejores amigos. Que nunca acabamos de conocer a una persona. Que el "nunca más", se cumple, y el "para siempre", acaba. Que el que quiere, puede, y lo consigue. Que el que no arriesga, no pierde nada. Que el físico atrae pero la personalidad enamora...

La chica de los gatos.

Ciento treinta y tres.


Te quiero, sin reflexionar, inconscientemente, irresponsablemente, espontáneamente, involuntariamente, por instinto, por impulso, irracionalmente. En realidad no tengo argumentos lógicos, ni siquiera improvisados. Sólo sé que te quiero. Nunca pensé que fueras a ser tú, pero lo eres. Eres  y tu manera de hacer las cosas... Tu forma de mirarme, tu risa, tus gestos, tu pelo. Porque se me acabaron la excusas, y ya no puedo decir: "si tu supieras...", porque lo sabes, porque me conoces.
Tengo tantas cosas que decirte, que no sé por dónde empezar. Y puede que si me pusiera a escribírtelas una a una, me quede en blanco, lo más seguro. Quizás sea el momento de darte las gracias por todo este tiempo que pasamos juntos, o de dártelas también por el tiempo que nos queda. Es posible que sea el momento adecuado para decirte, asegurarte, que en esta vida ya no quiero otros besos, ni otros abrazos, ni otra voz al otro lado del teléfono, ni otro olor en mis sábanas.

La chica de los gatos.

Ciento treinta y dos.


Si pudieses comprender todo, sería más fácil para mi arrepentirme. Si pudieses ver todas nuestras posibilidades, no estaríamos aun en este punto muerto en el que empezamos. No me dejes ir solo por esto. Puede que sea una idiota pero puede que tu también. Dos equivocados no suman un acierto, pero no me importa porque puede que seamos todo lo que necesitamos.
Tú puedes decir que esto es un gran error, pero yo creo que merece la pena hacerlo, merece la pena repetir. Te diría que las cosas buenas les llegan a aquellos que esperan. Te diría cualquier cosa si tú me creyeses. Tal vez no seamos el uno para el otro o, tal vez, somos más de lo que estamos dispuestos a ver.

La chica de los gatos.

Ciento treinta y uno.


Después charlamos de vivir el presente. Le decía que me parecía horrible lo que hacía, cada día pensando lo que había hecho ayer y antes de ayer y el día de antes. Cada noche, reprochándose los errores y mintiéndose al pensar que, si pudiera volver atrás en el tiempo, haría todo lo contrario de lo que había hecho. Idea de absoluta falsedad ideológica, porque si cada uno volviera al momento del error sin llevarse el conocimiento de hoy, sabiendo solamente lo que sabíamos entonces, volveríamos a hacer lo mismo, porque con esos datos nos seguía pareciendo la mejor opción...

La chica de los gatos.

Ciento treinta.


Estoy cansada, cansada de luchar por algo que ya no existe, cansada de ilusiones rotas, de esperanzas falsas, estoy cansada de ti y de tus promesas sin cumplir. Estoy cansada de tener tus besos marcados en mi piel, estoy harta de que tus palabras retumben en mi cabeza. Ya basta por favor, no quiero llorar más, para ya, sólo te pido eso. No me busques, no me hables, no me mires, simplemente no estés. Lárgate que no quiero verte, ni escucharte, no me pidas que te perdone porque mi corazón ya no puede, no me pidas que lo entienda porque es imposible que lo haga. No me jodas más la vida, no me marchites más. Porque lo único que he hecho ha sido quererte y tú lo único que haces es destrozarme.

La chica de los gatos.

Ciento veintinueve.


Mi táctica es mirarte, aprender como eres, quererte como eres. Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarte en vos. Mi táctica es ser franco y saber que eres franca, y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos.
Mi estrategia es, en cambio, más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites.

La chica de los gatos.

Ciento veintiocho.


¿Y por qué iba a quererte yo? No has estado casi en ninguno de los momentos más importantes de mi vida... y si estuviste fue porque yo te busqué o te invité; yo quise estar contigo, pero tú conmigo no. ¿Por qué iba yo a quererte si cuando tú eras mi pensamiento más frecuente a lo largo del día, para ti probablemente ni siquiera existía? Pues te quiero... por esa estúpida manía de ir detrás de lo que se aleja y me hace daño...

La chica de los gatos.