sábado, 3 de mayo de 2014

Ciento veintisiete.


Fue un error. No estaba enfadada con él, estaba asustada. En ese momento me sentí pequeña, como si me faltara experiencia, como si nunca fuera a estar a su nivel, como si nunca fuera a ser bastante para él, ¿me entiendes? Pero lo que no comprendí es que eso le daba igual. Ya no estaba buscando a esa tía, me estaba buscando a mi. Pero cuando llegué a comprender todo eso... ya era tarde. Él se había ido. Y todo lo que me quedó fue un orgullo estúpido que luego dio paso al arrepentimiento. Sí, él era el chico. Ahora lo sé. Pero... yo lo eché de mi lado. Y, desde entonces, me paso los días persiguiéndolo...

La chica de los gatos.

Ciento veintiséis.


Aun queda mucho para que te vuelva a ver, pero hace mucho más desde que te vi por última vez y más todavía desde que te fuiste, así que, probablemente, no quede tanto como parece. Será en una noche de verano de agosto. Tú estarás con tus amigos, como siempre; yo con mis amigas, como siempre. Y daré una vuelta, te buscaré y te encontraré. No es muy difícil teniendo en cuenta que es una plaza y que siempre te pones en el mismo sitio.
Yo, por cierto, iré monísima. No sé con que modelito aun, pero pienso ir preciosa. Pienso gustarte. Y sí, lo digo convencida, sin vaciles, sin modestia. Entonces os saludaré a todos, os preguntaré un "qué tal" general y te miraré queriéndote decir que, ante esa pregunta cordial, la única respuesta que realmente me importa es la tuya. Pero no lo entenderás, para variar, y me iré, me despediré de vosotros con una sonrisa y te volveré a mirar. Y luego no pararé de mirar a ver si te veo, si te has ido o sigues ahí y le pediré al destino que por favor nos encuentre, con un poco más de alcohol y poco más de ganas, y con un poco menos de vergüenzas. Un poco menos de cada uno, y un poco más de nosotros.
Y si no, pues te habré gustado y solo tendremos que volver a encontrarnos o trazar una nueva táctica de ataque.

La chica de los gatos.

Ciento veinticinco.


-Te pasas el tiempo curando a la gente, pero ahogas tus heridas en el alcohol de tus propias lágrimas
Intento mirarla a los ojos pero no puedo dejar de admirar su hermosa boca. No sospechaba que se pudiera pasar tanto tiempo observando una boca.
-[...] Algún día, es posible que tengas que pagar un precio muy alto por todo el placer y la alegría que el amor provoca. Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro. Conocerás la angustia de los celos, de la incomprensión, la sensación de rechazo e injusticia. Sentirás el frío hasta en tus huesos, y tu sangre formará cubitos de hielo que notarás correr bajo tu piel. [...] Es posible que tu cuerpo resista la intensidad del placer, pero no es lo bastante sólido para aguantar los pesares del amor.

La chica de los gatos.

Ciento veinticuatro.


No eres una necesidad de mi mente, es mejor creer que eres un complemento de una pequeña y efímera parte de mi vida, nada más. Aunque tranquilo, sabes bien que no lo digo enserio. No te preocupes, no me iré mientras sigas inventando formas de encontrarme. No me iré mientras sigas buscando formas de mirarme así. No me iré mientras que un instante contigo me baste para saber que no hace falta creer en futuros ni destinos.
Resumiendo, no me iré mientras sigas viva.

La chica de los gatos.

Ciento veintitrés.


Lo dijo desde un primer momento, que solo faltaba alguien especial para que su vida siguiera su cauce. Y si, tienes razón, suena muy ostentoso decir que una persona ha tenido que entrar en su vida para complementarla, pero en realidad da igual como suene. Lo único que importa es que gracias a él vuelve a tener ese lado bueno que tanto había extrañado estos últimos meses... Ese lado incluía sonreír a cada minuto, no tener nunca un día gris y tener todo lo imprescindible. Y lo que en realidad le preocupaba, era el no volver a tener ese sentimiento, esa ilusión...
Pero hoy, gracias a él, siente lo que jamás había sentido.
¿No se nota?

La chica de los gatos.

Ciento veintidós.


En el mundo genial de las cosas que dices, hay tesoros de nadas, planetas sin grises, con millones de estrellas que llenan mi mente, yo no sé si se puede querer más fuerte. Y a ese mundo genial de las cosas que dices no le falta ni amor, ni verdad ni matices, no me faltes mi vida no puedo perderte. Cómo diablos se puede quererte tan fuerte. Y adelante hacia la luna donde quiera que esté, que somos dos y es solo una y yo ya estuve una vez. Me quedo a tu lado, ya no me puedes perder...

La chica de los gatos.

Ciento veintiuno.


-¿Entonces nada más que fui una tarde?
-Pues... una tarde, otra, otra y otra. Que se convierten en días, semanas y meses...
-¿Entones qué coño somos?
-Somos dos locos en busca de placer. 

La chica de los gatos.